Nuestro microbioma regula la eficacia de los fármacos

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28/06/2017

Nuestro microbioma regula la eficacia de los fármacos

Científicos de referencia de todo el mundo se reunen en CosmoCaixa convocados por B·Debate, una iniciativa de Biocat y la Obra Social “la Caixa”. El objetivo del encuentro, liderado por el Instituto de Investigación del Sida IrsiCaixa, es descifrar el gran potencial científico y terapéutico del microbioma en numerosas disciplinas

En nuestro cuerpo viven unos 100 billones de bacterias que son esenciales para nuestra salud. Estos microorganismos juegan un papel fundamental en muchos procesos de nuestro cuerpo, como la digestión o la educación de nuestro sistema inmunitario. En cambio, una disfunción en nuestra microbiota puede contribuir a la aparición de enfermedades como la obesidad, la diabetes, las alergias, ciertos tipos de cáncer y hasta problemas de salud mental.

Por tercer año consecutivo, investigadores internacionales de alto nivel y de disciplinas muy diversas se reúnen en CosmoCaixa convocados por B·Debate, una iniciativa de Biocat y la Obra Social “la Caixa”. El debate se ha organizado con el Instituto de Investigación del Sida IrsiCaixa, que cuenta con la colaboración del Vall d’Hebron Instituto de Investigación, el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, la Universidad de Vic y el Hospital Germans Trias i Pujol.

El objetivo es descifrar el gran potencial científico y terapéutico del microbioma en prácticamente todas las disciplinas de la medicina actual. La investigación en este campo es muy amplia y una de las más transversales. Hay líneas de investigación que estudian el impacto de bacterias en el envejecimiento, las enfermedades neurodegenerativas, el cáncer, las enfermedades infecciosas o del aparato digestivo. Uno de los ámbitos que más ha centrado la investigación en microbioma es la del virus del VIH.

 

La convivencia entre bacterias y fármacos

Más de 36 millones de personas estaban infectadas por el VIH en el año 2015, la mayoría –más de 25 millones– viven en África, donde más de la mitad de la población que tiene el virus no tiene acceso a tratamientos antiretrovirales y mueren a causa del sida. Además, hace dos años casi la mitad de las nuevas infecciones anuales también se registraron en este continente. Según los últimos datos de las Naciones Unidas, en el mundo el perfil mayoritario de persona con el virus es el de una mujer, joven, de ascendencia africana y fiel a su marido. Ante esta realidad, las mujeres no tienen suficiente fuerza para exigir el uso del preservativo. Hace falta pues el apoderamiento de la mujer y la investigación de otros métodos que actúen como barrera del virus, cuestiones que se vuelven claves para cambiar la situación.

Una estrategia terapéutica eficaz es, por ejemplo, el uso de un gel con microbicidas que se aplica en la zona vaginal antes del acto sexual para prevenir la infección del virus del VIH. Hasta ahora, los microbicidas que se habían probado intentaban eliminar el virus mediante procesos químicos poco efectivos y demasiado tóxicos, que entre otros efectos secundarios provocaban la irritación de la mucosa vaginal. En cambio, ahora se han desarrollado geles con fármacos antiretrovirales que están mostrando mejores resultados.

Nichole Klatt, investigadora de la Universidad de Washington, ha publicado este mes en la revista Science un análisis de eficacia de un nuevo microbicida basado en el fármaco tenofovir, que en breve será de uso genérico, para prevenir la infección por el virus del VIH. Los resultados muestran como el tipo de bacteria vaginal influye en la respuesta del fármaco. Entre las mujeres con el tipo de bacteria vaginal Lactobacillus, el microbicida ha mostrado una eficacia del 61%. En cambio, en las mujeres con otro tipo de bacterias vaginales la medicación solo ha funcionado en un 18% de los casos. Una de estas es la Gardnerella, que absorbe el tenofovir y reduce la eficacia del microbicida.
 

Metabolización de los azúcares

Pero no solo las bacterias inciden en la medicación que tomamos y varían la respuesta de la terapia. A la inversa, los medicamentos también influyen en nuestra arquitectura microbiana. José Manuel Fernández Real, del Instituto de Investigación Biomédica de Girona, ha publicado en la revista Nature Medicine que la metformina, el fármaco más habitual entre las personas con diabetes tipo 2, actúa alterando la composición de la microbiota intestinal, haciendo que esta metabolice mejor los azúcares.

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