El VIH, nuevos objetivos y una historia de esperanza

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02/12/2021

El VIH, nuevos objetivos y una historia de esperanza

Este año hace 40 años del primer caso de Sida en el Estado y, desde entonces, la investigación contra el VIH ha pasado de ofrecer calidad de vida a erradicar la enfermedad, uno de los objetivos perseguidos por IrsiCaixa

Este año hace 40 años que tuve la oportunidad de visitar, junto con la dermatóloga Caterina Mieras, un paciente que llevaba el equipo del Dr. Jaume Vilaseca en el Hospital Vall d'Hebron y que tenía lesiones en la piel causadas por un Sarcoma de Kaposi. En aquel momento no era consciente de que el joven de 35 años que tenía enfrente acabaría convirtiéndose en el primer caso de sida diagnosticado en el Estado, y mucho menos que, de esta enfermedad, construiría una de las líneas de investigación más importantes de mi carrera científica. Después de ese primer caso vinieron otros, muchos otros. Todos seguían el mismo patrón de síntomas, que se englobaron bajo el nombre de Síndrome de la Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA). Por su comportamiento, estaba claro que se trataba de una enfermedad infecciosa. En efecto, en 1983, el equipo de Françoise Barré-Sinoussi y Luc Montaigner descubriría su agente causal: el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH).

Que el VIH sea uno de los virus más complejos que existen se debe a su alta capacidad para mutar. Imagina que el VIH es una microscópica pelota verde y que, cuando nos infecta, nuestras defensas son capaces de generar, en pocos días, una respuesta eficaz para luchar contra ella. Ahora imaginad que esta diminuta pelota cambia de color cada vez que entra y sale de una célula. Esto significa que, dentro de un mismo organismo, aparecerán balones de miles de colores a una velocidad trepidante. Lo que era una lucha de uno contra uno pasa a ser un combate con desventaja. A nuestras defensas les es imposible producir a tiempo una respuesta eficaz contra todo ese abanico de colores y esto hace que siempre vaya un paso atrás; cuando el virus muta y cambia de color, las defensas todavía están generando la respuesta contra la anterior versión del virus.

Las epidemias casi siempre se deben a zoonosis. El VIH es uno de los ejemplos, ya que pasó del chimpancé al ser humano hacia los años 20 del siglo pasado, cuando los cazadores furtivos del Congo Belga –la actual República Democrática del Congo– se infectaron al entrar en contacto con la sangre de esos primates cuando los mataban. Posteriormente, la migración desde las áreas rurales a las grandes ciudades y, probablemente, ciertas campañas de vacunación que empleaban agujas no desestimables, junto con la transmisión sexual, hizo que aumentaran las infecciones.

El sida era una enfermedad terrible en sus inicios, una condena a muerte 1 o 2 años después del diagnóstico. Lo único que podíamos ofrecer era calidad de vida durante ese período de tiempo. Más adelante, a partir de 1987, se fueron ensayando los primeros fármacos, pero proporcionaban resultados de muy corta duración. No fue hasta 1995 cuando se descubrieron las terapias combinadas, una estrategia que ha permitido cronificar la enfermedad pero que, en ese momento, implicaba administrar un cóctel de medicamentos que generaban mucha toxicidad. Poco a poco se ha logrado simplificar este tipo de terapias y, actualmente, consiste en un único comprimido diario que no implica efectos secundarios. De hecho, se está trabajando en el diseño de tratamientos mensuales o incluso semestrales. Todo esto ha permitido igualar la calidad y esperanza de vida de las personas que viven con VIH con la del resto de personas. De hecho, cuando el tratamiento se sigue correctamente, el VIH queda indetectable en sangre y esto hace que la persona no pueda transmitir el virus en ninguna ocasión, ni a través de prácticas de riesgo ni teniendo descendencia. Este punto es clave. Hay que detectar a todas las personas infectadas por el virus y tratarlas con terapias eficaces. Sin embargo, esto es imperativo aplicarlo en todo el mundo, sin excepciones.

A nivel de investigación, los objetivos hacia el VIH han cambiado drásticamente. Hemos podido trasladar todos nuestros esfuerzos a erradicar la enfermedad. Éste es el objetivo que perseguimos desde IrsiCaixa, el primer laboratorio catalán dedicado al VIH, que nació hace más de 25 años gracias al apoyo de la Fundación “la Caixa” y el Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya. El principal obstáculo para erradicar el VIH es el reservorio viral, un remanente de virus que queda escondido dentro de algunas células del sistema inmunitario. Para eliminar este virus en estado durmiente, será necesario combinar vacunas terapéuticas que reeduquen el sistema inmunitario para que controle el VIH, con fármacos que fuercen el virus a salir de su escondite, así como con anticuerpos neutralizantes diseñados en el laboratorio e inmunoglobulinas específicas.

Sin embargo, la consecución de todos estos objetivos sólo es viable con financiación. Gran parte del trabajo realizado en IrsiCaixa ha sido posible gracias al apoyo de la farmacéutica catalana Grifols, así como a las ayudas provenientes de fundaciones como Sorigué y Glòria Soler, y de la campaña de mecenazgo #YoMeCorono. Si no se destina dinero a la investigación, siempre seremos víctimas de nuevas enfermedades. Y no sólo en investigación en salud humana, sino también en salud animal y ambiental. En nuestro país, hay mucho talento, pero hay que ofrecerle herramientas y apoyarle de forma clara y eficiente.

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